miércoles, 1 de junio de 2011

Diabetes y Sobrepeso

Parte de la motivación que subyace tras la creación de este blog, además de compartir el proceso mediante el cual me vuelvo un hombre con menos peso y más salud, es exorcisar otro demonio: el temor a ser diabético.

Cuando a los 36 años consulté a una endocrinóloga porque estaba demasiado gordo, incluso para mis estándares de aquella epoca (pesaba 132 kilos, para ser exactos), ella, tras una serie de exámenes, diagnosticó que yo sufría de hiperinsulinemia lo cual estaba asociado al tener una seria resistencia a la insulina.

También me dijo, en esa oportunidad y antes de planificar un plan de pérdida de peso que funcionó excelentemente, que si yo cumplía 40 años pesando más de 100 kilogramos, seguramente me convertiría en diabético, dado que esa combinación de hipertensión con obesidad, circunferencia abdominal mayor a 102 centímetros, dislipidemia, proteinuria y los valores alterados obtenidos en la curva de tolerancia glucosada, era lo que se conocía como prediabetes y que era algo que requería intervención oportuna y seria si quería evitar su conversión en la temida diabetes.

En aquel momento esa campanada de alerta funcionó y durante un poco menos de un año estuve haciendo dieta, pues la idea de ejercitarme no cruzaba mi mente y, si lo hacía alguna que otra vez, era descartada con una buena y larga lista de excusas (las llamaba razones en aquella época). Y vaya que todo salió bastante bien: perdí 32 kilos y llegué a ese "número mágico" pero que también es una barrera importante que es pesar 100 kilos.

Yo no soy médico, ni psicólogo, y por eso no tengo las herramientas necesarias para explicar porque ese número implica tantas cosas, pero lo cierto es que si durante mucho tiempo has pesado más de 100 kilos te va a costar bastante bajar de esa frontera, o por lo menos así fue en mi caso.

En aquel momento, detenido en un peso de 100 kilos (enfrentando lo que quienes hacen dieta saben que se llama meseta o plateau) dado que no me ejercitaba en forma alguna, se hacía necesario que incorporase una vez por semana un día de lo que estratégicamente se llamaba por su acrónimo en inglés: VLCD (Very Low-Calorie Diet), es decir, días en los que realmente te mueres de hambre, pues ningún hombre en su sano juicio puede sobrevivir mucho tiempo con tan poca comida. Ante ese panorama hice lo típico de alguien que había perdido mucho peso pero seguía siendo "gordo mental": huir del consultorio y no volver allí en 4 años.

4 años me tomó recuperar 28 de los 32 kilos perdidos y cuando me tocó enfrentar -a un mismo tiempo- esa revolución que pasa en nuestra mente cuando cumplimos 40 años, junto con el fracaso de mi relación de pareja y el hecho de que por primera vez en mi vida había sido despedido de mi trabajo, me encontré regresando donde mi doctora para recibir una noticia aún peor: sufría de diabetes por curva, un diagnóstico todavía poco claro para mi, del cual apenas se consiguen referencias en Internet, pero que en términos simples significaba que uno de los criterios adoptados por la Asociación Americana de la Diabetes para el diagnóstico de esa enfermedad había aparecido en los resultados de mi curva de tolerancia glucosada: la glicemia había subido a más de 200 mg/dl.

La depresión más el miedo se hicieron presentes. Y también la negación. Comenzó un via crucis de consultas con otros médicos para encontrar que mientras algunos pensaban que sí era diabético, otros consideraban que no, lo cual hoy en día sigue siendo igual. Por tales razones, 6 años después y tras el susto que pasé el diciembre pasado cuando mi glicemia después de comer alcanzó la desagradable cifra de 287 mg/dl, decidí que lo fuera o no me iba a cuidar como tal diabetico y sólo cuando partí de allí, comenzó el nuevo camino que ahora transito de un control total y sencillo de mi salud, que me hace sentirme mejor que nunca antes en mi vida.

Hoy en día al seguir una buena dieta y hacer suficiente ejercicio, he logrado que mi tensión arterial esté normalizada, mi colesterol y triglicéridos parezcan los de un hombre joven y sano, mi glicemia en ayunas rara vez supere los 82 mg/dl (lejos del límite máximo de normalidad que es 100 mg/dl) y después de comer en menos de 2 horas esté alrededor de 110 mg/dl. Más aún, mi hemoglobina glicosilada es de 5.9, lo cual está en rangos de normalidad (aún cuando sobre esto hay tela que cortar, lo cual haremos en otra oportunidad).

Así que si usted se identifica en algo con esta historia, regálese un poco de reflexión y mucho de acción: cierre el pico y muévase, no se quede esperando que las cosas malas que podrían pasar le pasen a usted. Su familia y usted mismo jamás se arrepentirán de esa decisión.

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