Si le creemos al Diccionario de la Real Academia Española, dieta tiene tres acepciones diferentes. Las dos primeras son terribles: comida que se le da a los enfermos y privación absoluta de comer, así que mejor no abordar el asunto desde esa perspectiva.
Gracias a Dios dieta también se entiende como el "...conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento..." y de esa definición me gustaría destacar el carácter de habitual, la regularidad, las costumbres que nos formamos respecto de la alimentación y que inciden no sólo en nuestra apariencia (que es algo si se quiere de secundaria importancia) sino también en nuestra salud que es lo realmente importante (no en vano este blog se llama dieta + ejercicio = salud) y que constituyen la verdadera razón por la cual debemos hacer dieta.
Desde niños nuestros padres nos heredan sus preferencias y la sociedad y la cultura nos terminan de modelar en lo que muchos llegamos a pensar es una cuestión de meros gustos personales: nuestra dieta diaria.
Pongamos un ejemplo: yo no soy precisamente un fanático del pescado. De nada me vale saber que es cientos de veces más saludable que una tira de tocineta crujiente, que está lleno de ácidos grasos, que va a proteger mi corazón y todo el largo etcétera de bondades que tiene como alimento. Yo como pescado simple y llanamente porque me obligo yo mismo a hacerlo, no me porque mi corazón lata más rápido y la mirada se me alegre sólo de pensar en él.
Pero ese desamor mío con el pescado no es fortuito. Mis padres tampoco eran fanáticos del pescado y la ciudad donde me crié estaba, cuando menos, a 4 horas de camino del pueblo costero más cercano. ¿Casualidad entonces que el pescado no sea parte de mi dieta diaria? Por supuesto que no.
Ahora bien, ¿a que viene este intento de relacionar dieta con hábitos? ¿Qué tiene que ver la cultura con todo esto?
La respuesta es sencilla: si usted concibe la dieta como una suspensión temporal de sus costumbres, no va a lograr resultados definitivos.
La mejor dieta es entonces aquella que constituye una versión mejorada de su propia identidad como ser que se alimenta, la que toma en cuenta sus preferencias, sus gustos y disgustos y que, a la vez, lo nutre, lo hace más saludable y evita que se enferme.
Ello conduce a que cualquier dieta que elimine radicalmente grupos alimentarios sea abandonada con mucha más facilidad y más frecuentemente que otra que permita comer un poco de todo. Es irreal pensar, por ejemplo, que usted nunca más va a comerse una fritura, o un trozo de chocolate o a tomarse una bebida alcohólica. Esas privaciones absolutas son insostenibles en el largo plazo y para lo que realmente sirven es para fomentar la neurosis.
Como la idea de este blog es ayudar a quien quiere mejorar su salud, perdiendo peso y ganando forma física, aquí no vamos a diseñarle una dieta, porque en primer lugar no soy nutricionista y no sería el indicado para hacerlo y, en segundo lugar, porque eso es una labor que debe hacerse a la medida de cada persona. En lugar de ello lo voy a invitar a hacer otras cosas, como estas:
- Lleve un diario de todo lo que come. Si puede, hágalo durante una semana, sea brutalmente honesto y no se prive de nada ni intente parecer mejor de lo que es. Total, ese diario es sólo para usted y le mostrará qué es lo que realmente le gusta. En mi caso, por ejemplo, mostró que mi pasión verdadera la constituyen el queso, el tomate, la carne y el pan. Esas cuatro cosas son lo que más como, lo que escogería en un restaurante si debo elegir sin pensar. No en balde una pizza es mi recompensa semanal favorita tras 6 días de alguna que otra privación.
- Identifique las "comidas problema". El diario le va a servir justo para esto, para saber en que momento del día usted es más propenso a comer el equivalente a bombas nucleares de calorías. Esas "comidas problema" son su primer objetivo pero no se asuste, la idea no es eliminarlas para siempre sino limitarlas a una cantidad en la cual su cuerpo no se resienta a causa de ellas. Veamos un caso: muchas mujeres cuando están menstruando se sienten mejor si comen chocolate y éste tiene muchas calorías (por la grasa y el azúcar), pero no quieren engordar pues ya bastante tienen con la retención de líquido que sufren al mismo tiempo, así que entonces ¿hay que eliminar al pobre chocolate? La respuesta es un NO rotundo. Cómase el chocolate y disfrútelo bien, que surta el efecto reconfortante que usted necesita y no sienta la menor culpa. Cuando ya no tenga su período evite el chocolate y aumente su gasto calórico en unas 100 calorias más por día durante una semana (un paseito de 30 minutos alrededor de su casa consume más o menos eso) y del chocolate no quedará sino el buen recuerdo en boca, pero nada que se vea.
- Ponga menos en el plato. Este consejo se lleva el premio al más obvio y evidente de todos cuantos pueda ofrecer, pero es increiblemente efectivo y es el que mi abuela siempre me daba. Veamos una situación típica: estás en la oficina a las 5 de la tarde, ya listo para irte a casa y cenar una ensalada de atún en agua, aderezado con aceite de oliva extra virgen y jugo de limón, con una mínima cantidad de sal y sin nada de carbohidratos para acompañar, todo esto previa parada en el gimnasio para hacer los 45 minutos de cardio que manda la ley pero, justo en ese momento, te llama tu mejor amigo para invitarte esa noche a una cena en su casa para celebrar un ascenso que le acaban de dar. No puedes decir que no y tu sabes que la esposa de tu amigo cocina como los dioses y que va a servir risotto de camarones y hongos porcini. ¿Vas a decir que no y hacer un desaire? ¿Qué puedo hacer? Pues, hombre, ve y te comes el risotto pero le dices a la anfitriona que te sirva la mitad y te la comes lentamente, paladeando cada bocado. Cuando esto lo hagas en casa, aprovecha y aplica otro buen consejo: agarra un plato pequeño pues ahí de por sí cabe menos comida.
- Regálese una "recompensa semanal". Hacer una dieta, por más saludable y hecha a la medida que ésta sea, siempre va a implicar un grado de restricción (palabra menos malsonante que privación o "cerrar el pico"), así que mejor fijarse metas a corto plazo: 6 días de portarse bien y 1 día para la autoindulgencia, pero eso sí, un solo día y, de preferencia, una sola recompensa. Yo amo los domingos porque es mi día de premio y paso toda la semana pensando qué voy a comer ese día, si lo voy a hacer en el desayuno, el almuerzo o la cena e imaginando lo bien que me voy a sentir sentado a la mesa disfrutando de esa comida. A esto yo lo llamo aceptación a mi condición de "gordo mental" pues estoy convencido que nadie es gordo si no piensa como tal y la obsesión con la comida es lo fundamental en ese tipo de personalidad (pero de eso hablaremos otro día). Este domingo que viene su servidor tiene planeado desayunar pancakes con mantequilla de maní y mermelada de fresa, pero el almuerzo y la cena serán comidas mucho menos sustanciosas y, por supuesto, ese día caminaré a buen paso los 6 kilómetros que me regalo al menos 5 veces a la semana y que mantienen mi glicemia en ayunas en un hermoso promedio de 82.
Con estas cuatro ideas usted puede empezar su propia aventura. No implican privaciones enormes, absolutas o eternas. Sólo un poco de orden y de ganas y si yo puedo, usted también.
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